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Phishing con inteligencia artificial: por qué los correos falsos son cada vez más difíciles de detectar

Foto del escritor: Rodrigo Peña
Rodrigo Peña
hace 18 horas
11 min de lectura

Durante años, una de las recomendaciones más repetidas para reconocer un correo fraudulento era observar cómo estaba escrito. Errores ortográficos, traducciones deficientes, saludos genéricos o frases poco naturales servían como señales de que detrás del mensaje podía haber alguien intentando engañarnos.


Ese consejo todavía puede ayudar, pero está perdiendo valor rápidamente.


Una herramienta de inteligencia artificial puede redactar en segundos un correo correcto, utilizar expresiones propias de Chile, adaptar el tono a una comunicación empresarial y eliminar prácticamente todos los errores que antes ayudaban a identificar un intento de phishing. Si además quien prepara el ataque dispone de información pública sobre la empresa, sus trabajadores o sus proveedores, el mensaje puede resultar considerablemente más convincente.


El cambio no significa que la inteligencia artificial haya inventado el phishing. La técnica sigue apoyándose en algo mucho más antiguo: conseguir que una persona confíe, actúe con urgencia o entregue voluntariamente una información que normalmente protegería. Lo que está cambiando es la facilidad con que ese engaño puede prepararse, personalizarse y distribuirse.


En su Threat Landscape 2026, la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad vuelve a situar la ingeniería social como una táctica habitual dentro del panorama de amenazas y señala que herramientas como texto, audio y video sintéticos ya forman parte del arsenal cotidiano de determinados actores maliciosos. La IA está permitiendo reducir costos, ampliar el alcance y aumentar la credibilidad de contenidos utilizados en operaciones de engaño.


Para las empresas, esto obliga a cambiar una idea bastante arraigada: un mensaje bien escrito, personalizado y aparentemente informado sobre nuestro negocio ya no constituye una prueba suficiente de que sea auténtico.


Este tema forma parte del escenario que comenzamos a revisar en cómo proteger los datos de una empresa ante ataques potenciados por inteligencia artificial. Ahora conviene detenerse específicamente en el punto donde muchos incidentes comienzan: una comunicación que parece completamente normal.


Correo de phishing empresarial creado para engañar a un trabajador mediante una comunicación convincente y aparentemente legítima.

El phishing funciona porque utiliza información verdadera


Los ataques más básicos todavía existen. Un correo asegura que una cuenta será bloqueada, informa sobre una supuesta compra o promete un premio a cambio de hacer clic en un enlace. Esos mensajes buscan volumen: se envían a muchas personas esperando que alguna responda.


Pero una empresa presenta oportunidades bastante más interesantes para un atacante.


La organización publica en su sitio los nombres de ejecutivos y responsables comerciales. LinkedIn permite conocer cargos, relaciones laborales y cambios recientes de trabajo. Las redes sociales muestran viajes, eventos y clientes. Las licitaciones pueden revelar proveedores. Un sitio corporativo permite conocer servicios, ubicaciones, tecnologías e incluso formatos de correo electrónico.


La mayoría de esa información no es secreta. El problema aparece cuando se utiliza para construir una historia creíble.


Un trabajador podría recibir un mensaje aparentemente enviado por un proveedor habitual. El texto menciona correctamente un proyecto, utiliza el nombre del responsable y explica que existen nuevos datos bancarios para pagar la próxima factura. Otro mensaje podría simular una notificación del área tecnológica, indicando que existe un problema con la cuenta corporativa y que se necesita validar nuevamente el acceso.


La inteligencia artificial permite convertir todos esos antecedentes dispersos en comunicaciones coherentes sin requerir una gran capacidad de redacción.


Eso vuelve menos útil buscar solamente “errores” en el mensaje. El análisis necesita concentrarse también en la acción que intenta provocar.


La urgencia continúa siendo una de las herramientas más efectivas


Aunque la tecnología cambie, buena parte de la ingeniería social sigue explotando comportamientos humanos bastante previsdecibles.


Una solicitud urgente reduce el tiempo disponible para verificar.

“Necesitamos pagar hoy.”

“Tu cuenta será suspendida.”

“Autoriza este inicio de sesión.”

“El gerente está en una reunión y necesita que hagas esta transferencia ahora.”

“Este documento debe revisarse antes de las 14:00.”


El mensaje puede estar perfectamente escrito y utilizar información verdadera. Lo peligroso es que intenta desplazar el procedimiento normal por una excepción.


ANCI ha insistido justamente en este punto en sus recomendaciones sobre phishing: las solicitudes inesperadas que exigen actuar con rapidez deberían generar una pausa antes de entregar información, abrir enlaces o aprobar accesos.


En 2026 la propia Agencia publicó además una advertencia particularmente relevante para empresas: algunos intentos de phishing ya no buscan solamente obtener usuario y contraseña. Intentan conseguir que la víctima apruebe también una solicitud de segundo factor de autenticación.


Eso significa que incluso una persona que sabe que nunca debe revelar su contraseña podría terminar entregando acceso simplemente presionando “aprobar” ante una notificación presentada como urgente.


El atacante no necesariamente necesita romper el segundo factor.

Puede intentar convencer a la propia víctima para que lo autorice.


Un correo de phishing ya no necesita pedir una contraseña


Esa evolución también modifica la imagen tradicional de estos ataques.


Un phishing no siempre conduce a una página idéntica a Microsoft, Google o un banco donde se pide escribir una contraseña. Puede buscar muchas otras acciones: descargar un archivo, autorizar una aplicación, abrir un documento compartido, cambiar una cuenta bancaria, entregar un código de recuperación o aprobar una notificación.


En otros casos, el correo es solamente el comienzo de una conversación.


El atacante puede responder preguntas, entregar explicaciones y modificar su argumento según las dudas de la víctima. La inteligencia artificial puede ayudar también en esta etapa, facilitando conversaciones coherentes en distintos idiomas y adaptadas al contexto que recibe el atacante.


Esto vuelve especialmente importantes los procedimientos internos.


Si para cambiar la cuenta bancaria de un proveedor basta con recibir un correo, el problema no es solamente tecnológico. Existe un proceso empresarial que depende excesivamente de confiar en un mensaje.


Si una transferencia importante requiere una segunda validación mediante un canal independiente, el mismo correo pierde gran parte de su capacidad de producir daño.

La seguridad aparece entonces en un lugar menos evidente: cómo está diseñado el proceso de negocio.


Verificar por otro canal puede ser más importante que analizar el correo


Cuando una solicitud resulta extraordinaria, la validación no debería realizarse utilizando exclusivamente la información contenida en el mismo mensaje.


Si un proveedor informa que cambió su cuenta bancaria, conviene contactarlo utilizando un número que la empresa ya tenía registrado, no el teléfono que aparece en el correo sospechoso. Si un supuesto ejecutivo pide una operación inusual, debería existir alguna forma de confirmarla fuera de esa conversación.


El objetivo no es desconfiar permanentemente de todos los mensajes. Es establecer que ciertas acciones críticas requieren más evidencia que un correo correctamente redactado.


Este principio puede aplicarse a pagos, creación de usuarios, cambios de contraseña, entrega de bases de datos, modificación de permisos y solicitudes de información sensible.


A medida que la inteligencia artificial facilite producir mensajes cada vez más convincentes, verificar la identidad mediante otro mecanismo será más útil que tratar de determinar si “el texto parece escrito por una IA”.


De hecho, intentar reconocer un correo generado por inteligencia artificial probablemente sea una estrategia cada vez menos efectiva. Lo importante no es cómo se escribió el mensaje, sino si la solicitud es legítima y si corresponde al procedimiento habitual.


El correo corporativo sigue siendo una puerta hacia muchos otros sistemas


Una cuenta de correo comprometida tiene un valor considerable porque suele estar conectada con buena parte de la identidad digital de una persona.


Desde el correo pueden recuperarse contraseñas, recibir códigos, encontrar documentos compartidos, conocer proveedores, descubrir conversaciones comerciales y acceder a vínculos hacia otros servicios. También permite al atacante observar cómo escribe la persona antes de comenzar a hacerse pasar por ella.


Por eso el phishing y el robo de credenciales están estrechamente relacionados.


El phishing puede ser el mecanismo utilizado para obtener el acceso. Después, las credenciales legítimas permiten al atacante entrar sin necesidad de vulnerar directamente la aplicación.


Una vez dentro, el impacto dependerá de los permisos asociados a esa identidad. Si desde la cuenta de correo pueden restablecerse accesos a CRM, almacenamiento, herramientas cloud y otros servicios, un único engaño puede transformarse rápidamente en un problema más amplio.


Esto también explica por qué no conviene utilizar una misma contraseña en diferentes plataformas y por qué la autenticación multifactor debería formar parte de la protección de las cuentas más relevantes.


Para accesos especialmente críticos pueden evaluarse además mecanismos resistentes al phishing, como los basados en FIDO/WebAuthn o passkeys, donde la autenticación está vinculada criptográficamente al servicio real y no depende de que el usuario copie un código en una página que podría ser falsa.


La tecnología del correo ayuda, pero no reemplaza los procedimientos


Las organizaciones también pueden implementar controles técnicos para reducir parte del problema.


Mecanismos como SPF, DKIM y DMARC ayudan a verificar la autenticidad de los dominios utilizados para enviar correo y dificultan determinadas formas de suplantación directa. Los filtros de seguridad pueden analizar enlaces, adjuntos y reputación de remitentes. Los sistemas de identidad pueden detectar accesos inusuales y exigir mecanismos adicionales de autenticación.


Son controles valiosos, pero no convierten al correo en un canal infalible.


Un atacante puede utilizar un dominio parecido en lugar de falsificar exactamente el dominio verdadero. También puede comprometer la cuenta real de un proveedor o trabajador, en cuyo caso el mensaje sí provendrá de una infraestructura legítima.


Ese último escenario es especialmente peligroso.


Una factura falsa enviada desde una cuenta desconocida puede despertar sospechas. La misma solicitud enviada desde la cuenta real de un proveedor con quien llevamos años trabajando puede parecer completamente normal.


La seguridad técnica reduce oportunidades. Los procedimientos empresariales limitan el daño cuando esas barreras fallan.


La IA amplía el engaño más allá del correo electrónico


La discusión tampoco debería quedarse exclusivamente en el email.


La misma lógica puede trasladarse a WhatsApp, mensajes de texto, llamadas y videoconferencias. La capacidad de generar voces sintéticas y contenido audiovisual creíble introduce nuevas posibilidades de suplantación.


El informe ENISA Threat Landscape 2026 observa precisamente la utilización de texto, audio y video sintéticos como herramientas cada vez más accesibles dentro de actividades de manipulación y engaño.


Esto no significa que cada llamada extraña sea un deepfake ni que las empresas estén frente a una epidemia de ejecutivos clonados digitalmente. Conviene evitar ese tipo de exageraciones.


Lo que sí cambia es la confiabilidad de determinadas señales.


Escuchar una voz conocida ya no debería ser la única validación necesaria para ejecutar una acción crítica. Ver una cara durante una videollamada tampoco debería reemplazar procedimientos internos cuando se solicita una transferencia extraordinaria, un cambio de acceso o la entrega de información sensible.


Más adelante abordaremos los deepfakes específicamente dentro de este clúster, porque requieren medidas distintas al phishing tradicional.


El problema de protección de datos comienza después del clic


Buena parte de la capacitación sobre phishing se concentra en impedir que una persona haga clic. Pero desde la perspectiva de protección de datos existe una segunda pregunta igualmente importante: ¿qué ocurre si alguien efectivamente cae?


Supongamos que una persona entrega sus credenciales y un atacante entra al CRM.


El incidente ya no es solamente un problema de correo electrónico.


Ahora importa saber qué clientes puede consultar esa cuenta, si puede exportar registros, qué información contiene la plataforma, qué acciones quedan registradas y si existen otras aplicaciones conectadas.


En otras palabras, volvemos a la arquitectura de datos.


Si la cuenta comprometida puede acceder a miles de nombres, teléfonos, correos, RUT u otros antecedentes personales, un correo de phishing puede terminar convirtiéndose en una vulneración de datos.


En nuestro artículo sobre qué hacer si se filtran datos personales de clientes en una empresa chilena abordamos la etapa siguiente: contener el incidente sin destruir evidencia, reconstruir accesos y determinar qué información estuvo realmente comprometida.


Este punto es especialmente relevante ante la Ley 21.719. La empresa necesita poder entender qué datos trata, dónde están almacenados y qué medidas existen para evitar accesos no autorizados.


Un buen programa anti-phishing reduce la probabilidad del incidente. Una buena arquitectura limita sus consecuencias.


Entrenar a las personas sigue siendo necesario, pero el entrenamiento también debe cambiar


La capacitación tradicional suele mostrar ejemplos evidentes de correos fraudulentos. Un remitente extraño, un enlace mal escrito, errores de ortografía y una amenaza exagerada.


Esos ejemplos ayudan a explicar el concepto, pero ya no representan necesariamente los ataques más difíciles.


La formación debería enseñar a analizar solicitudes, no solamente textos.

¿Es normal que este proveedor pida un cambio de cuenta por correo?

¿El área tecnológica suele enviar este tipo de enlaces?

¿Por qué una persona necesita que le enviemos esta base completa?

¿Corresponde que yo apruebe este acceso?

¿Existe otro medio para confirmar?


El trabajador no debería transformarse en analista forense. Necesita una regla sencilla: cuando una comunicación intenta provocar una acción extraordinaria relacionada con dinero, credenciales, permisos o información sensible, debería existir un mecanismo de verificación.


Tan importante como reconocer el engaño es saber dónde reportarlo.


Si un trabajador sospecha de un correo pero no sabe a quién enviarlo, probablemente lo eliminará y continuará trabajando. La organización pierde entonces una señal que podría indicar que otras personas están recibiendo la misma campaña.


La empresa también debería limitar cuánto daño puede producir un error humano


Ningún programa de capacitación conseguirá que todas las personas detecten todos los intentos de phishing.


Asumir lo contrario es trasladar demasiada responsabilidad al usuario.


Las empresas deberían trabajar considerando que eventualmente alguien puede equivocarse.


Ahí aparecen nuevamente los permisos mínimos, la autenticación multifactor, la segmentación, el monitoreo de accesos y la limitación de exportaciones. También importa saber dónde están realmente los datos y qué aplicaciones dependen de cada cuenta.


El inventario de datos personales permite comenzar a identificar qué información existe y en qué sistemas. La privacidad desde el diseño en sitios, aplicaciones y CRM lleva esa discusión hacia la arquitectura: qué datos necesitamos almacenar, quién debería acceder y cómo reducir la exposición desde el origen.


Es una diferencia importante.


La capacitación intenta evitar que una persona abra la puerta.


La arquitectura debería conseguir que, si la abre por error, detrás no esté toda la información de la empresa.


La Ley 21.719 agrega otra razón para revisar este problema


El phishing no aparece en la Ley 21.719 como una categoría tecnológica que las empresas deban impedir específicamente. Lo que sí importa es el resultado: la organización tiene la responsabilidad de adoptar medidas apropiadas para proteger los datos personales y evitar tratamientos, comunicaciones o accesos no autorizados.


Por eso la preparación frente a la ley no debería separar artificialmente privacidad y seguridad.


Un formulario correctamente redactado pierde parte de su valor si cualquier usuario puede exportar todos sus registros. Una política de privacidad tampoco resuelve un acceso comprometido si la empresa no sabe qué información quedó expuesta.


En cómo demostrar cumplimiento de la Ley 21.719 sin quedarse solo en documentos hemos desarrollado justamente esta idea: las políticas deben poder conectarse con evidencias, permisos, registros y procesos reales.


Para organizaciones que todavía están ordenando el panorama completo, el checklist de la Ley 21.719 para empresas permite revisar varias de estas dependencias antes de abordar soluciones específicas.


El phishing es solamente uno de los caminos que puede terminar exponiendo información. La preparación debería servir también frente a una credencial filtrada, una integración mal configurada, un proveedor comprometido o una herramienta de IA utilizada sin control.


La pregunta correcta ya no es “¿parece falso?”


La calidad de los mensajes generados con inteligencia artificial seguirá mejorando. Intentar ganar esta carrera enseñando a reconocer si un texto “parece escrito por IA” probablemente tendrá cada vez menos sentido.


La pregunta más útil es otra:

¿Esta solicitud corresponde a algo que nuestra empresa debería aceptar únicamente porque llegó por correo?


Si la respuesta es no, necesitamos otro mecanismo.


Puede ser una aprobación adicional, una llamada utilizando un número conocido, un flujo dentro de una plataforma, una política para modificar cuentas bancarias o un segundo responsable para entregar información sensible.


La tecnología puede ayudar a filtrar una gran cantidad de amenazas, pero los ataques de ingeniería social aprovechan justamente aquellas situaciones donde una decisión humana puede saltarse el control técnico.


Por eso una estrategia empresarial frente al phishing debería combinar ambos mundos: proteger la identidad y diseñar procesos donde una comunicación convincente no sea suficiente para provocar una acción crítica.


En Datactil abordamos estos problemas desde los sistemas y la operación: accesos, integraciones, datos, automatizaciones y trazabilidad. La intención no es convertir cada empresa en una organización de ciberseguridad, sino detectar dónde una decisión tecnológica o un proceso débil puede ampliar innecesariamente el impacto de un incidente.


Una pregunta sencilla sirve para comenzar:

si mañana uno de nuestros trabajadores creyera un correo falso, ¿qué podría conseguir realmente el atacante?


Responderla obliga a mirar bastante más allá de la bandeja de entrada.


Si necesitas revisar cómo están distribuidos los datos, accesos e integraciones de tu organización, puedes evaluar un proyecto con Datactil.


Preguntas frecuentes


¿Qué es el phishing con inteligencia artificial?

Es el uso de herramientas de IA para apoyar la creación, personalización o ejecución de comunicaciones fraudulentas destinadas a engañar a una persona. La técnica de ingeniería social no es nueva; la IA puede mejorar la calidad de los textos, facilitar su adaptación y reducir el trabajo necesario para producirlos.


¿Cómo saber si un correo fue escrito con inteligencia artificial?

En muchos casos no es posible determinarlo de manera confiable solo leyendo el texto. Para seguridad empresarial resulta más útil verificar el remitente, el contexto y especialmente la acción solicitada que intentar identificar qué herramienta escribió el mensaje.


¿Un correo sin errores puede ser phishing?

Sí. La ausencia de errores ortográficos o gramaticales ya no debería considerarse una señal suficiente de legitimidad. Herramientas generativas permiten producir comunicaciones correctamente redactadas con muy poco esfuerzo.


¿La autenticación multifactor protege frente al phishing?

Reduce considerablemente el riesgo asociado al robo de contraseñas, pero no todos los mecanismos ofrecen el mismo nivel de protección. Algunos ataques intentan conseguir que la propia víctima entregue un código o apruebe una solicitud de segundo factor. Para cuentas críticas existen mecanismos de autenticación resistentes al phishing.


¿Qué debería hacer una empresa si alguien cayó en un phishing?

Conviene tratarlo como un posible incidente: bloquear o restablecer credenciales cuando corresponda, cerrar sesiones, revisar segundo factor, identificar qué sistemas podían ser consultados por esa identidad y analizar los registros disponibles. Si hubo acceso a datos personales, además debe evaluarse el alcance de la posible vulneración.

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